Adriana Szusterman confiesa: «Me enfermé e hice un tumor por no expresar lo que sentía» – Revista Paparazzi

Adriana Szusterman confiesa: "Me enfermé e hice un tumor por no expresar lo que sentía"

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La docencia la acercó a su sueño y se hizo camino a base de empuje. Adriana Szusterman (53), animadora infantil con años de carrera, regresó al teatro con Misión jugar por jugar, en el Paseo La Plaza, donde combina arte con juego y mensajes solidarios.

 

Reflexiva, la artista se anima, por primera vez, a hablar de los motivos que la llevaron a atravesar una dura enfermedad y cómo tomó una importante decisión que le cambió la vida.Lo que aprendés de pequeño queda marcado a fuego para siempre. De grande podés revertirlo, pero lleva mucho tiempo y mucha terapia. Incluso, cuando sos chiquito llorar está mal visto, salvo el primer llanto con el nacimiento, que todos te lo festejan porque significa que respirás. Para el resto de los llantos no hay permiso. A los niños no les permitimos que se expresen, vamos tapando las emociones. Los adultos transmitimos conceptos que creemos que están buenos y en realidad la pifiamos bastante. Cuando terminé la secundaria y sabía que desde chiquita quería ser maestra jardinera y era el momento de elegir la carrera, me empezaron a llenar de dudas. Me decían: ‘Tan poca cosa vas a ser’. ¿Qué es poco o mucho? ¡Es lo que sientas que te apasiona! Lo que me marcó últimamente en mi vida es el casamiento. Eso de que elegís a alguien para toda la vida, que no te podés equivocar y, de pronto, después de veintiséis años de casada más seis años y medio de novia, de trabajar con mi marido, Sergio Strauch, descubrí que las cosas habían cambiado. Me costó muchísimo asumir que el amor había cambiado, se había transformado…”.

 

–Claro, no es una definición sencilla. 

–Siento que esto también tiene que ver con patrones que heredé de mi primera niñez. Me costó muchísimo asumirlo. Me enfermé e hice un tumor por no animarme a expresar lo que sentía. Y después de mucho tiempo de ayuda, de poder hablar, Sergio me dijo que le sucedía lo mismo. Me animé a transformar mi vida, a elegir un camino nuevo, a romper patrones y la mirada social, que decía qué era lo que correspondía y qué no. Y también descubrir que se puede seguir trabajando juntos, sostener una familia, que por siempre seremos papás de dos hijos maravillosos, y que eso sí funciona. Así que aquí estoy, aprendiendo, en esta nueva etapa de mi vida, tratando de vivir la vida que deseo sin dramatizar las cosas y en el aquí y ahora, pensando que cada día es único e irrepetible. 

 

–Fundamental, ¿no?

–Por eso creo que está bueno mostrar con el ejemplo que sigas tu camino, que no te importe tanto la mirada del otro. Incluso, cuando decidí la separación de la pareja, entendí que era allanarles un camino, mostrarles que no hay que durar ni transcurrir, sino vivir. Y que si hay algo que sentís que se terminó, hay que asumir las cosas, atravesarlas, porque es la única manera de avanzar. Y cuando hablé con ellos, tenían todo mucho más claro que yo. Y sentirme apoyada, entendida por mis hijos, para mí también es algo muy importante. 

 

–¿Cómo es el mundo que te encontrás en los hospitales, donde también compartís con los niños?

–Mi visión social me llena de emoción. Hace varios años que comencé a visitar los hospitales, a descubrir un mundo que está en otro lugar, no solamente en el teatro. Me conmueve llegar a cada hospital, cantarles, traérmelos para el teatro. Me enseñaron que por más que estén pasando un momento difícil de salud, necesitan jugar, alegrar el alma, y eso también es salud. 

Adriana, recién separada, abre una nueva etapa

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