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Graciela Alfano recuerda sus peores momentos: “Tuve una infancia difícil, de chica pasé hambre”

La diva confesó cómo fue su dura infancia sin comida, a consecuencia de los recuerdos que le trajo la pandemia mundial.

Diva indiscutida, Graciela Alfano (67) no sólo es un símbolo sexual de todos los tiempos. Su historia y sus opiniones a lo largo de los años consiguieron trascender su belleza y su función en el espectáculo. Panelista de Todo puede pasar –domingos a la noche por El Nueve–, confesó en el programa de Nico Ochiatto una de las etapas más duras que le tocó atravesar, a consecuencia de una remembranza que le trajo la pandemia de coronavirus.

De niña pasó necesidades alimenticias, debido a un grave problema de salud mental que tenía su madre: “Esta semana la pasé realmente muy mal, me quebré. Soy una especie de Himalaya, no me entra nada, pero esta vez tuve un ataque de llanto, lloraba aferrada al perro. Se me dio por comprar cosas, tenía un par de huevos, algunas frutas… Empecé a llamar a los supermercados; después de hacer las compras me decían que no me lo podían traer. Llamé a los rapitenderos y también estaban complicados

En general no tengo muchas cosas en casa porque salgo a comer, tengo las cosas para el desayuno y voy comprando lo necesario; además vivo sola. Tengo más comida para los perros que para mí…”, reconoció.

“Vi que había poquito de todo y me sentí en economía de guerra, en protocolo de guerra, y sentí que no tenía alimento. Y ahí entró a comerme la cabeza mi grieta, que pasa por la falta de alimentos, por haber pasado hambre cuando era chiquita, por haber tenido hambre. Por más que tengo mucha terapia encima y que aparentemente estoy fuerte, las vulnerabilidades siempre están. No son debilidades, son vulnerabilidades. Hay muchas cosas que no se saben de mi infancia…”, recordó.

“Mi mamá era una persona mentalmente enferma. En sus primeros años de vida conmigo, vivíamos solas porque mi papá viajaba mucho, estaba mucho tiempo afuera. Conté parte de lo que viví en un abuso sexual, que ella no me cuidó como hubiera querido yo que me cuidara. Pero además no había comida en mi casa. Tengo la idea de que en esos años, entre los cuatro, cinco y seis, me mantuve comiendo leche condensada, que era lo único que había. O huevos o papas…”, contó.

Yo era una niña, una criatura, y mi mamá no compraba comida. Ella no estaba bien de la cabeza, se enfermó, tenía ciertas adicciones y no sabía cómo cuidarme. A veces yo dependía de los vecinos, de gente que venía, fue una infancia muy difícil. A los siete años estuve tuberculosa, de hecho tengo un agujero en el pulmón como consecuencia de eso”, siguió.

Era una niña muy flaca, chiquitita, pesaba muy poquito, tenía unas rodillas muy grandes. Mi madre me hizo operar a los cuatro años de apéndice y el apéndice no estaba mal. A los siete me sacó las amígdalas, que tampoco estaban enfermas. Ella tenía alucinaciones de que yo estaba enferma y lograba operarme porque era muy catastrófica”, terminó.

“Soy una señora de 67 años, pero que doy mucho más joven. No parezco una vieja pobrecita, que es lo que soy, que estoy en un grupo de riesgo y me tienen que traer la comida. Entonces, mis hijos, cuando les hablé desesperada, se preocuparon, no sabían que estaba pasando por eso…”, cerró.

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