Con apenas 25 años cumplidos el pasado abril, el recorrido artístico de Maite Lanata parece el de alguien con varias décadas de oficio. Invitada al programa La motosierra de Toti, que se emite por Carnaval Stream, la actriz abrió su corazón para repasar diferentes anécdotas que marcaron su inicio dentro de la industria. Aunque nadie tenía en cuenta los rituales que marcaron su infancia.
Fue una charla descontracturada, por lo que Maite se sinceró como pocas veces uno puede hacerlo delante de las cámaras, en un ambiente cómodo y relajado. Fue entonces cuando, en un momento de la nota y mientras hablaba de su primer trabajo como actriz, recordó la particular forma en la que se quedó con ese papel.
“Con el personaje de Mía, que fue lo primero que hice fue una película, Mía, se llamaba”, recordó. La confesión despertó la memoria de uno de los panelistas, que le retrucó: “Que hiciste un gualicho para quedar en el casting de la película”. En ese momento, Maite no dudó y reafirmó la teoría con mucho humor: “Exacto, un gualicho para quedar... como nueve años tenía. Yo era muy cabulera igual como muy… Hacía gualichos, está bien, hacía gualichos. Era gualichira”.
Ese costado cabulero que lleva desde su infancia dio paso a una charla más profunda, donde Lanata habló de cómo algunos papeles terminan transformando a quien los interpreta y lo difícil que a veces es salirse de ciertos roles. Cabe recordar que la artista es muy recordada por haber pasado por éxitos como El marginal o 100 días para enamorarse, un detalle no menor.
MAITE LANATA REVELÓ CÓMO FUERON SUS FUERTES INICIOS EN LA ACTUACIÓN
“Hay algunos que me interpelan más que otros. En cuanto a personajes que me transformaron a mí, creo que Cien días fue uno puntual en el que mi cabeza cambió por completo. También por llevar una bandera que no era mía, la lucha de una colectividad que no era la mía, y darme cuenta que estaba ante una responsabilidad”, explicó Maite sobre lo que implica ponerle el cuerpo a ciertas historias.
Luego agregó: “Uno pensando como actriz solamente con actuar y listo y me tira una letra y ya está. Y no hay detrás toda una, una responsabilidad que fui cayendo con el tiempo y que realmente me transformó. Con El elegido, bueno, era muy chica. Sí creo que es meterse en un mundo de adultos. Tenía diez años en El elegido”. Sin dudas, en aquella ficción Lanata tuvo un papel de absoluta importancia para la serie, interpretando a una niña con autismo.
Esa combinación entre intuición y oficio fue otro de los puntos que remarcó Maite: “Cuando veo yo cosas que ya no recuerdo y veo y digo: ‘¡Guau, qué laburazo!’. Creo que sucede mucho con actores que por ahí no tienen escuela detrás, que hay algo mucho más natural que es imposible de recuperar”.
Entre anécdotas de gualichos, recuerdos de su infancia actoral y reflexiones sobre la responsabilidad de interpretar historias que trascienden, Maite mostró un costado íntimo y transparente. Una artista que empezó jugando, pero que con el tiempo aprendió que la actuación también puede ser un compromiso social y personal que marca de por vida.



