El estremecedor último mensaje que Darío Lopérfido dejó antes de morir: "Tener ELA es una mierda"

La lucha de Darío Lopérfido y el brutal mensaje que dejó antes de morir: "Tener ELA es una mierda"

A sus 61 años, y lucho de batallar contra esta durísima enfermedad, se confirmó su fallecimiento.
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La muerte de Darío Lopérfido vuelve a poner en primer plano una de las reflexiones más crudas y honestas que dejó escritas durante su enfermedad. “Tener ELA es una mierda”, afirmó sin eufemismos, en un texto que hoy resuena con una potencia incómoda. No fue una frase efectista ni provocadora: fue el diagnóstico existencial de alguien que eligió decirlo todo cuando el cuerpo empezaba a apagarse.

Lopérfido convivió durante años con la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa que avanza de manera implacable. Desde ese lugar, escribió sin épica, ni consuelo prefabricado y sin la retórica del “luchar hasta el final” que suele rodear al discurso público sobre la enfermedad y la muerte.

“Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado”, aclaraba Lopérfido en ese mismo texto. Lo que realmente le resultaba insoportable era la degradación física, la vejez forzada y la pérdida progresiva de autonomía. Para él, morir antes de atravesar esa “catástrofe humana” podía incluso ser un alivio.

LA CRUDA REVELACIÓN DE DARÍO LOPÉRFIDO ANTES MORIR

Pero el pasaje más brutal,  fue aquel en el que comparó la ELA con otras enfermedades graves. “El problema de la ELA es que es una enfermedad sin épica”, escribió, desmontando uno de los relatos más instalados alrededor del padecimiento.

Según Lopérfido, incluso un cáncer permite una narrativa heroica: tratamientos, sufrimiento visible, la posibilidad de decir “cómo la peleó”. La ELA, en cambio, no deja margen para el gesto épico ni para el consuelo simbólico de la batalla perdida.

Esa lucidez incómoda fue una marca constante de su pensamiento. Intelectual polémico, ensayista y gestor cultural, nunca buscó agradar. Tampoco cuando habló de su propia muerte, a la que despojó de solemnidad y romanticismo.

Su fallecimiento, confirmado en las últimas horas, reactualiza esas palabras que incomodan porque dicen una verdad sin maquillaje. Lopérfido no pidió compasión ni admiración: pidió que se entienda lo que significa, realmente, vivir y morir con ELA.

   
 

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