La vida de Antonio Grimau estuvo atravesada por una tragedia que nunca pudo dejar atrás. Detrás de una extensa trayectoria artística y de décadas de trabajo en teatro, cine y televisión, el actor cargó con una de las pérdidas más dolorosas que puede atravesar una persona: la muerte de su hijo Lucas Antonio, fruto de su relación con la actriz Leonor Manso. Este martes 20 de octubre, Grimau murió a los 82 años y aquella herida vuelve a cobrar dimensión al recordar sus últimas reflexiones públicas sobre el tema.
Lucas tenía 36 años y atravesaba una adicción a la cocaína. Su desaparición fue una pesadilla para sus padres, que lo buscaron durante 34 días sin saber qué había ocurrido con él. Finalmente, el desenlace llegó de la peor manera: el joven fue encontrado en la morgue del Hospital Fernández. Para Grimau y Manso, la incertidumbre dio paso a un dolor que, como el propio actor reconocería años después, no tuvo reparación.
“Fue desesperante. Pero así fue. Hubo que asumir ese dolor… de por vida”, resumió Grimau al recordar aquella experiencia. Durante mucho tiempo, el intérprete prefirió no hablar públicamente de lo sucedido. Sin embargo, cuando finalmente decidió hacerlo, explicó que su intención también era acompañar a otras familias que atravesaban situaciones similares y poner en palabras una experiencia devastadora.
“Me rehúso a hablar del tema, pero sí, fue un momento en donde creí que estaba todo terminado. Con Lucas, mi único hijo varón, tenía una relación particularmente hermosa. Lo perdí… pero sigue estando en mí con anécdotas en común y mucha vida transitada juntos”, expresó.
EL RECUERDO DE ANTONIO GRIMAU DEL MOMENTO MÁS DOLOROSO DE SU VIDA
El actor también habló de la impotencia que sintió junto a Leonor Manso frente a la adicción de Lucas. Ambos hicieron todo lo que estuvo a su alcance para ayudarlo, pero no lograron evitar el desenlace. “Se hizo absolutamente todo lo posible, tanto Leonor como yo, y no hubo manera. Esa maldita droga tiene, en muchos casos, la imposibilidad de salvarlos”, sostuvo, con la crudeza de quien conoció de cerca el sufrimiento de una familia que intenta rescatar a uno de los suyos.
Al recordar a Lucas, Grimau dejó de lado por un momento la tragedia para recuperar la imagen del hijo que había conocido y amado. “Era una persona alegre, contenta, muy angelada y talentosa. Era músico”, contó. También intentó comprender, desde el dolor y sin encontrar respuestas definitivas, qué había llevado al joven a ese camino. “Creo que Lucas ya no era de este mundo: su personalidad hipersensible no tenía nada que ver con un mundo tan cruel. No soportó muchas cosas, y la salida fue la peor, pero tal vez fue el único camino que pudo encontrar”, reflexionó.

Cuando le preguntaron qué podía decirles a otros padres que atravesaban una pérdida semejante, Grimau reconoció los límites de cualquier explicación o consuelo. “Es difícil acercar una palabra, salvo el acompañamiento en ese dolor, porque es algo irreparable”, respondió. Luego recordó una frase que le había transmitido su terapeuta sobre la muerte de una madre y la trasladó a su propia experiencia: “Y lo mismo pasa con los hijos. Es así de tremendamente doloroso, y hay que arrastrarlo de la mejor manera”.
La relación con Leonor Manso también quedó marcada para siempre por aquella pérdida. Más allá de la historia sentimental que los había unido, ambos compartieron la experiencia de buscar a su hijo y afrontar un desenlace irreparable. Al volver sobre ese capítulo de su vida, Grimau apenas pudo sintetizar lo que significó para los dos: “Muy, muy terrible… e irreparable”.

