Josefina Pouso y una entrevista sincera: "A los 48 años el sexo por momentos me da igual" - Revista Paparazzi

Josefina Pouso y una entrevista sincera: "A los 48 años el sexo por momentos me da igual"

Fiel a su estilo, la panelista se muestra frontal. Afirma que "hacer asado es una boludez" y reconoce que no está al tanto de cómo les va a sus hijas en la escuela: "Las mamis del cole son mi salvación". Además, el amor maduro, lo que le cuesta llegar a fin de mes y el día que arregló un lavarropas con un tutorial de YouTube.
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Tras salir del aire de Desayuno Americano y después de arrancar el día, como cada mañana, con el despertador sonando a las 5, Josefina Pouso llegó hasta los estudios de Atlántida en su auto. Según contó, es un modelo de hace más de diez años que todavía la lleva de un lado a otro y que, debido a su presente económico, por ahora no puede cambiar.

Terrenal, atravesada por los problemas cotidianos de cualquier mortal y laburante si las hay, la periodista y panelista de América sorprendió al mostrar su rotundo cambio físico. Y si bien de cuerpos ajenos no se habla ni se opina, fue ella misma quien decidió contar cómo fue el proceso que la llevó a bajar 10 kilos en tres meses, recurriendo a las modernas inyecciones para adelgazar.

Pero ese fue apenas uno de los temas de una charla de mujer a mujer en este A solas con Paparazzi, donde hablo sin filtros de maternidad, amor, relaciones abiertas, infidelidades, amantes… y hasta de cómo se vive la sexualidad a los 48 años.

Separada, madre de dos hijas y sostén de su hogar, Pouso también habló de una realidad que pocas figuras se animan a exponer. Con la tenencia de sus hijas repartida, reconoció que le cuesta llegar a fin de mes y dejó en claro que no le gusta depender de nadie, ni para hacer un asado ni para resolver un arreglo en su casa.

Con esa sinceridad que la atraviesa, Josefina Pouso volvió a levantar la bandera feminista y dejó en manifiesto los ideales con los que intenta conducirse en cada aspecto de su vida: desde la maternidad y la economía hasta los vínculos, el deseo y la independencia.

—Arrancás tu día muy temprano…

—Ya me acostumbré: son muchos años. Si bien en la de Pame (David) es el primer año que estoy, vengo de años anteriores de hacer radio: a las 6 de la mañana, después a las 7. Así que madrugar ya es parte de mi rutina. Al principio sí, cuando me tenía que levantar a las 4 de la mañana y era invierno, se ponía duro. Pero de las 4, pasar a levantarme a las 5, para mí hay un cambio enorme.

—¿Y te dormís temprano? ¿Metés siesta? 

—A veces meto una siestita, a veces no. Pero se me complica dormirme temprano. Aparte, con las nenas... olvidate. Lunes y miércoles vamos a fútbol, que termina 8 de la noche. Hasta que llegamos a casa, comen... Y aparte vienen, quieren contar cosas; entonces, la conversación poscena. La miré a Morena y le dije: "Gorda, a la cama, son las 10 de la noche". Yo me tengo que quedar preparando los temas del programa del día siguiente. Entonces, nada, eran las 12 de la noche...

—Los hijos crecen y surgen otro tipo de charlas. ¿Sos permisiva?

—Soy abierta al diálogo. Cuando nació mi primera hija, siempre dije que quería ser ese lugar donde ellas fueran siempre. O sea, no me importa si les va bien o mal en el colegio. Esas cosas, no... O sea, no tengo idea de lo que pasa en el colegio. Literal: las mamis del cole lo saben porque son mi salvación. No sé si tienen pruebas, si no. Te juro: no lo sé. Ellas, como que recogieron ese guante y van. Pero yo, ser su refugio: quiero ser ese lugar donde ellas y sus amigas vienen a contar. Y hoy con More, que ya tiene 13, siento que estoy siendo eso. Y la chiquita, Lele, que tiene nueve, empieza a copiar eso.

Josefina Pouso con sus hijas.

—Son tres mujeres en la casa, ¿Son coquetas, de la ropa y la moda?

—Sí, les gusta la moda. Pero al mismo tiempo, yo soy muy relajada. Me produzco para laburar, pero en mi vida cotidiana no soy una mina fashionista. Nunca lo fui. Dame las zapatillas, jeans y punto. Pero bien, prolija. Entonces ellas tienen esta cosa, también descontracturada. Nuestro shopping es ir a la feria de Escobar porque aparte amortizamos el ahorro. El otro día fue el cumpleaños de Elena y, como pidió plata para su cumpleaños, quería ir de shopping. 

—También comparten el fútbol.

—Sí. Llegué al fútbol por las chicas. More empezó a jugar fútbol el año pasado, enseguida se sumó Lele y al tiempo me sumé yo. Estaba ahí dos horas y media muerta de frío, de calor, de lo que quieras, y lo que hacés es tomar mate con los papis y morfar. Y lo único que hacía era quejarme de que no tenía tiempo para mí, que no podía ir a entrenar. Me venían diciendo de jugar en mayores, y aunque tenía las rodillas hechas pelota de otros deportes, un día dije: "¿Por qué no?". Me estaba yendo súper bien hasta que me rompí el ligamento cruzado en un partido y tuve que operarme y abandonar. Ahora vuelvo a ser una mami que acompaña, porque hasta el año que viene no puedo jugar. 

—Encontraste algo recreativo para vos.

—¿Sabés qué me pasó? Un día Morena me dice: "Mamá, qué bien que te está haciendo fútbol". "Sí, estoy chocha", le digo. Y me dice: "No, no, porque estás de mejor humor". Y Elena me dice: "Sí, mamá, estás más contenta". Okey, perfecto, me quedó clarísimo. Y en el primer entrenamiento que hice me di cuenta de que me había podido desconectar durante dos horas y media de todo, porque esta mierda (señala el celular), la dejás en un bolso y se puede estar incendiando tu casa que vos no te vas a enterar, no te vas a amargar. Eran dos horas y media de felicidad. Y dije: "Ahora entiendo por qué los tipos siempre se querían ir a jugar al fútbol". Está buenísimo: liberás todo tipo de tensión, te olvidás de todo.

—Te vi haciendo asado, ¿puede ser? 

—Sí, mi amor. Hago muchas cosas que están identificadas a lo masculino, pero es una boludez hacer asado. Desterremos la mentira de: "¡Ah, el asado, qué difícil!". No, es una cuestión masculina. Hermano, es mucho más fácil que hacer unos canelones o tener que hacer un guiso de lentejas. Y hago todo lo de la casa: si se rompe algo, lo arreglo. Me embola tener que esperar que alguien resuelva. Entonces, si yo me quiero comer un asado, me rompe las tarlipes tener que esperar a que alguien haga un asado. Y esto lo tengo desde que me mudé sola por primera vez, que me fui a un departamento que era así (hace el gesto de chiquito), pero tenía una terraza enorme, gigante. Y yo lo primero que me compré fue un chulengo porque quería hacer asado y no iba a esperar a alguien que venga a casa para que me hiciera un asado. Y así es con todo. Arreglé un lavarropas con YouTube. Porque además, cuando no tenés un mango, cuando vivís con la justa, no tenés guita para estar llamando al técnico porque te rompe la cabeza y no te da el bolsillo. Entonces googleé. Y aparte, es típico: te ven mina y te tiran cualquier boludez. Y (el repuesto) valía 20 pesos en la ferretería; tutorial, lo cambié, y el lavarropas volvió a funcionar. Era la bomba de agua.

—Hay un mito: la gente cree que porque trabajás en el medio, ganás mucha plata.

Plata se ganaba antes, y algo mejor les va los conductores del programa. Yo soy panelista. No he tenido la oportunidad de ser la conductora para tener un sueldo y vivir solamente de esto. Yo alquilo, tengo un auto que tiene más de 10 años y 154 mil kilómetros. Esta es mi vida. Y aparte, no tengo un arreglo con el papá de mis hijas que me pase manutención porque tenemos un acuerdo de tenencia compartida, entonces, cada uno paga los gastos de los chicos en su casa. Y sí compartimos 50 y 50 lo que tenga que ver con el colegio, con el club, si hay que hacer un pago grande de algo. El cumpleaños de la nena es mitad y mitad. Uno está haciendo todo el tiempo malabares con la guita. Cosas que pateo y sacás ahorros.

—Como panelista, ¿cómo ves a Fernanda Iglesias? 

—Prefiero no hablar.

—¿Y a Yanina Latorre? 

—Me parece espectacular lo que logró. Encontró un equilibrio. En algún momento se había pasado como 80 pueblos, y hoy la veo mucho más plantada, mejor colocada. Ella sabe el personaje que hace, sabe hacerlo crecer, pero no es mala mina. Es buena. Salvo cuando te toca que te dispare. Pero si vos levantás el teléfono, hablás y no sé qué, es una mina a la cual se llega súper bien. Se labura muy bien con ella.

Josefina Pouso y Yanina Latorre.
Josefina Pouso y Yanina Latorre.

—En cuanto a tu presente sentimental, hiciste un posteo celebrando un año de amor.

—Oculto. Fue una relación que decidí. Siempre publiqué de mi amor, y me pasó como que dije... ¡lo guardo! Sí, lo guardo. No quiero ninguna energía extraña que esté dando vueltas por ahí. Y no nos dimos cuenta y de repente llegó un año, en el que hemos pasado por todas las situaciones que se te puedan ocurrir en lo que es la formación de un vínculo de dos personas que son grandes: él tiene 58 y yo, 48. Dos personas que vinimos con muchas historias, difíciles por momentos. Con mucho agujero, mucho moretón. Entonces, nos costó mucho la confianza. Yo, escorpiana, mirando todo el tiempo: "Esto no es real, seguro que esta persona que parece tan maravillosa, algo le voy a encontrar". Y por supuesto, la encontré. Porque también me la encuentran a mí. Pero estamos muy orgullosos de que hemos podido sortear cosas que quizás en otro momento hacíamos que revoleáramos la mesa y cada uno por su lado.

—¿Convivencia?

—No. ¿Estás en pedo? Por ahora no. Yo tengo hijas muy chicas y respeto mucho su espacio. Y tengo hijas mujeres, es distinto: las pibas quieren andar en bombacha, dicen "Mamá, me vino", y hay un chabón que no es su padre, metido ahí. Por ahora no es necesario.

—Están de moda las relaciones abiertas.

—Hoy nosotros estamos en una relación monogámica. Sin embargo, no se descarta que tenga otras aperturas. O sea, la monogamia conmigo no va a funcionar nunca. No porque me gusta salir, sino porque no creo que sea así. Pero creo que hoy es necesario que nosotros estemos en esa situación porque necesitamos reforzar bases. Si la base no está bien, no podés abrir nada.

—¿Sentís que a los 48 años el sexo es mejor que a los 20?

Por momentos, me da igual. Priorizo otras cosas. Quizás a los 20 estás pensando en que querés ir con tu novio a garchar, y no estoy así. Si, obviamente, el tiempo que tenemos es hermoso y mejor que a los 20, pero no estoy todo el tiempo en eso. Prefiero que nos veamos, ir a comer, ver una peli, la charla. Y eso surge después, lo otro. Pero no es mi obsesión. Estoy necesitando otro tipo de encuentro. Pero sí, claro que estoy una semana sin verlo y si no pasa nada... a tu casa, hermano. 

—¿Perdonás infidelidades?

—Soy la perdonadora serial de infidelidades. He perdonado en su momento. Salí de ahí y después me di cuenta. Por eso no creo en la monogamia como está establecida. Creo en los vínculos, y que el sexo puede correr por otro lado. 

—¿Tatiana sí?

—No. Jamás. Los maridos de mis amigas son momias. No hay chances. Alguna vez he sido amante de alguien, pero hace mucho tiempo que decidí no estar en ese lugar, pero por mí. ¿Qué valor me estoy dando? ¿Por qué no me estoy eligiendo como la primera o la única? Está divertido un ratito. Me pasó con uno, el último: estaba casado. Después de una o dos veces le dije que no lo iba a ver más porque le iba a pedir cosas que nunca me iba a poder dar. Siempre el verso de que no se van por los chicos, que se va a separar, y mienten. Y ahí fue cuando dije: "Me priorizo". Nunca más.

—Volviendo a los hombres, ¿hay galanes hoy?

—Paso.

—¿Qué sensación te dio la mediatización de Luciano Castro, su infidelidad a Griselda Siciliani y el "Hola guapa"?

—Si un argentino se te hace el gallego, ya está: sos un nabo. Chau. Vergüenza ajena. Si vas a cagar, hacela bien: no me quiero enterar. Las mujeres sabemos cuando te están cagando, pero nos hacemos las boludas. Elegimos, conscientemente, hacernos las boludas. Y te lo ponen todo el tiempo acá. Dale macho, si te querés separar, ponelos en la mesa y decímelo. No me hagas pasar esta angustia y papelón público.

—¿Te encaran las mujeres?

—Sí. Tengo un fándom lésbico muy hermoso. Les mando un beso.

—¿No descartás estar con mujeres?

—No voy a estar hablando de lo que yo hago dentro de la cama. En el sexo vale todo. Lo que te parezca que está bien, bárbaro. Mientras no sea un delito, todo es fantástico, no me horrorizo de nada. Que yo no lo pueda hacer, no me guste o no me atraiga, no significa que esté mal. El mundo del sexo me parece increíble porque cuando crées que lo viste todo, aparecen cosas. 

—En cuanto a tu físico, ¿estás muy cambiada?

—Flaquita, diría la Su... No se habla de los cuerpos ajenos, pero soy yo la que habla: bajé 10 kilos con un tratamiento con las nuevas medicaciones que hay, con una médica que trabaja con un nutricionista que te hace seguimiento, con estudios previos para ver si estaba apta para ese tratamiento. Elegir cuál íbamos a llevar adelante y cuál es la dosis que me tenía que aplicar, y sobre todo el tipo de alimentación, porque tenés que ser consciente que hay pérdida de masa muscular, que podés tener náuseas, decaimiento. Se te va el hambre, y lo poco que comés tiene que ser funcional a tu día a día. Hay que ir al médico. Algunos dicen que es hacer trampa: toda mi vida hice cosas y llegó un momento en que había determinado peso que no podía romper. Tiene que ver con cuestiones hormonales, con la edad que tengo, estoy en perimenopausia. Me ayudó a tener más energía, a mejorar el sueño: mi novio dice que no ronco más. Hay una, que se dio Sofi Gonet, que no está aprobada en el mundo y comercializada. Está en fase 2. ¿De dónde la sacaste? Ya hay contrabando de esto...

—Para terminar: ¿quién se cansa primero, la China Suárez o Mauro Icardi?

—La China. En algún momento le va a caer la ficha. O no, la horma para su zapato.

—¿Porque a Pampita le son infiel?

—Porque los tipos no se bancan a las mujeres exitosas.

—¿Jorge Rial?

—Un buen recuerdo. Chiquito, cortito; ni siquiera empezar. Un garche.

—¿Estás de acuerdo con lo que dice Wanda Nara de que 24 centímetros de felicidad solucionan cualquier problema?

—No, mamita. No estoy de acuerdo para nada. Es una boludez. 

—¿Una asignatura pendiente?

—Me encantaría vivir viajando por el mundo y no tener que laburar más, pero no está pasando. No sé si tengo (una asignatura pendiente), porque siempre hice lo que me cantó el traste. ¡Sí! Conducir un programa propio en un canal de aire. Me encantaría que me den esa posibilidad alguna vez porque sé que lo hago muy bien. A veces prefieren caras probadas que probar algo nuevo. Viaje, me tire de paracaídas, me colgué de una montaña, fui mamá cuando quise, me separé cuando quise, trabajé donde quise...

   
 

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