¡La verdad! Por qué está internado Diego Maradona en La Plata – Revista Paparazzi

¡La verdad! Por qué está internado Diego Maradona en La Plata

El viernes, en su cumpleaños, ya se lo vio muy disminuido. El fin de semana habló y comió poco y nada. Como el cuadro no mejoraba, los médicos decidieron llevarlo a un centro asistencial.
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Las calles de La Plata, la famosa ciudad de las diagonales, no llevan nombre: tienen números. En 60 y 118, por ejemplo, está la cancha de Gimnasia, el legendario "Bosque" al que llegó Diego Armando Maradona para ganarse el corazón de los hinchas del Lobo. Desde ayer a las 7 de la tarde, exactamente 3 días después de cumplir 60 años, el jugador de fútbol más grande de todos los tiempos duerme y se despierta al 434 de la calle 59, donde permanece internado en la habitación vip del sanatorio Ipensa. En la puerta, entre 150 y 200 simpatizantes aguardan buenas noticias con el mismo fervor con el que lo hacen decenas de millones de personas que siguen las novedades de su estado de salud a través de la tele, la radio, los portales y las redes sociales. No hay cifras, sin embargo, que alcancen o sirvan para explicar la angustia que generó que Diego, acaso una de las personas más queridas del planeta, se sienta y esté, justo él, menos 10. Todo el mundo, además de desearle que se mejore, quiere saber por qué lo llevaron al hospital. Acá está la respuesta.

Octubre fue un mes difícil para Maradona. Según se cuenta en su círculo íntimo, hubo una serie de factores que se combinaron para convertirlo en un período un tanto tortuoso para su ánimo. El primero fue el día de la madre. Puede parecer una pavada para un hombre que ya ha transitado buena parte de su vida, pero Diego sintió que extrañaba mucho a su mamá, Doña Tota. Y también a su papá, Don Diego. El siempre fue muy apegado a su "viejita" y en estos días, cuentan, sintió un agujero enorme en su interior. La lejanía que mantiene con otras mujeres que fue fueron importantes en su vida (todo indica que la persona más cercana a él, hoy, es Verónica Ojeda) profundizó esa sensación de desamparo.

Otro momento determinante fue, precisamente, el cumpleaños. La sensación de "cambiar de década" impacta en cualquier momento. La famosa crisis de los 40 se repite a los 50, a los 60 y algunos también la vinculan con los 30, cuando hombres y mujeres empiezan a sentir que se va la juventud y llega la adultez en todas sus formas. Mirar para atrás, ver el recorrido desandado y comprobar que hay momentos y experiencias que no volverán fue un golpe que también lo afectó.

Otra cosa que lo puso de mal humor y azuzó sus nervios fue la posibilidad concreta de que un contacto estrecho tuviera coronavirus. Finalmente, el hisopado de esa persona dio negativo y se despejaron las dudas, pero las horas transcurridas hasta conocer el resultado del test fueron difíciles y agitadas. A ciertas edades, además, los nervios y las tensiones golpean peor que durante la juventud.

Las batallas judiciales que enfrenta -sobre todo las que lo pusieron enfrente de su mujer "de toda la vida", Claudia Villafañe, y le valieron algunos reproches y algunas peleas con sus hijas mayores, Dalma y Gianinna- así como en algún momento parecieron envalentonarlo, ahora le han quitado fuerzas y vigor. "Cuando le tocan esos temas se viene abajo" comentaron sus allegados. Lo que antes lo fortalecía, ahora lo bajonea.

El viernes comió poco. El sábado no probó bocado ni estaba con ganas de ver a nadie. El domingo, el cuadro no sólo se mantuvo igual, sino que habría empeorado por una ingesta de alcohol que aunque mínima, habría hecho mella. "Su problema, ahora, es la adicción al alcohol" contó Rocío Oliva, su última pareja oficial, después de charlar precisamente con Claudia Villafañe. La mezcla de tranquilizantes y antidepresivos con esa bebida habría causado un efecto indeseado. "Perdió algunos impulsos cognitivos. Eso fue lo que observaron los médicos" informó hoy Tomás Dente en nosotros a la mañana.

Alertados por la sumatoria de síntomas -lo veían anémico, desganado, a veces inconexo, decaído, desanimado, desmoralizado y sin apetito, lo que también les llamó la atención- los médicos decidieron poner manos a la obra y llevarlo a una clínica para poder monitorear su evolución con todos los elementos que brindan la ciencia y la tecnología. El equipo, encabezado por el doctor Leopoldo Luque -se llama, curiosamente, como un temible centrodelantero que compartió el seleccionado con Diego- decidió llevarlo a un centro asistencial de vanguardia.

Allí lo recibieron en una habitación vip. A través de un suero lo "limpiaron" de esa ingesta de medicamentos y bebida que le hizo eclosión, y le pasaron un suero que rápidamente lo levantó. "Hasta hizo chistes" dijeron en la puerta del sanatorio. "Hoy llegué y ya tenia ganas de irse" contó Luque, a quien a pesar de todo se lo nota, siempre, bien predispuesto para el diálogo con los periodistas. Esa calma que se le nota en el voz y en el espíritu no es poca cosa. En sus manos y en sus decisiones está la de millones y millones que aguardan la recuperación de su ídolo. Y que no son un número. Son una locomotora que puede arrastrar cualquier obstáculo que se ponga enfrente.

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