Santiago Maratea volvió a quedar en el centro de la escena, pero esta vez no por una colecta solidaria ni por sus intervenciones en redes, sino por un episodio que generó fuerte rechazo. En las últimas horas, el influencer publicó un video en el que se lo ve manejando mientras utiliza el celular y sin cinturón de seguridad, una combinación peligrosa que no tardó en viralizarse.
Las imágenes generaron preocupación inmediata entre sus seguidores, pero también llegaron a oídos de organismos oficiales. La Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) reaccionó con rapidez y solicitó la inhabilitación de su licencia de conducir, remarcando la gravedad de las conductas exhibidas.
Según explicaron, no solo se trata de infracciones a la ley, sino de prácticas que aumentan significativamente el riesgo de accidentes. El detalle no menor es que Maratea no solo incurrió en estas faltas, sino que además decidió mostrarlas públicamente ante millones de personas.
Para la ANSV, ese punto es clave, ya que la exposición masiva puede generar un efecto de imitación, especialmente entre jóvenes. Pero lo que terminó de desatar el escándalo fue la reacción del propio influencer. Lejos de mostrarse arrepentido, eligió el camino de la ironía. “Alguno seguro me va a decir: ‘Santiago, no deberías subir un video mientras manejás’, y vos tampoco deberías estar siguiendo a un p... como yo”, lanzó, fiel a su estilo provocador.
La frase cayó pésimo en redes sociales, donde muchos usuarios lo criticaron con dureza por minimizar una situación que podría haber tenido consecuencias graves. Otros, en cambio, salieron a defenderlo, argumentando que se trata de su forma habitual de comunicarse.
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Lo cierto es que no es la primera vez que Maratea queda envuelto en polémicas. Su figura, siempre en el límite entre lo mediático y lo controversial, genera adhesiones y rechazos en partes iguales. Sin embargo, esta vez el foco está puesto en una cuestión mucho más delicada: la seguridad vial.
Mientras tanto, el influencer sigue activo en sus redes, sin dar señales de querer bajar el tono. Habrá que ver si la polémica escala a nivel legal o si queda, una vez más, en el terreno mediático. Por ahora, el escándalo sigue creciendo y deja una pregunta flotando: ¿hasta dónde puede llegar la exposición sin medir las consecuencias?


