La emoción del Muñeco Mateyko al reencontrarse con su hija – Revista Paparazzi

¡Para llorar! El emotivo reencuentro de Juan Alberto Mateyko y su hija Rosa tras dos años sin verse: "Cuántas..."

La pandemia encontró a Rosa, la hija del Muñeco, en España. recièn ahora pudo venir, y sus amigos le dieron una tremenda sorpresa.
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La pandemia, el cierre de fronteras, la curva ascendente, el pico de casos, el rebrote, la distancia. Todo se confabuló para que Juan Alberto Mateyko y su hija Rosa pasaran dos años sin verse. Cuando explotaron los casos de coronavirus, ella estaba en España y él acá. Llevaban un tiempo sin verse y debieron esperar 12 meses más -y que se flexibilizaran las restricciones sanitarias- para quedar cara a cara.

Sin embargo, el reencuentro no fue así nomás. Para nada. Un grupo de amigos del querido Muñeco supieron antes que él que Rosa tenía pasajes para regresar, y le pidieron que no le contara nada al padre así le daban una sorpresa. El mismo día que ella pisó Buenos Aires organizaron una cena con Mateyko. Le dijeron que no podía faltar por nada del mundo.

Primero llegaron ellos. Se sentaron, repasaron la carta y pidieron entrada, plato principal y bebidas como quien dice agua va. En eso estaban, charlando de bueyes perdidos, cuando llegó Rosa. A Mateyko lo habían sentado de espaldas a la puerta para que no se diera cuenta de su arribo, así que sus amigos la vieron entrar antes que él.

EL MUÑECO CON SUS AMIGOS Y CON SU HIJA RECIEN LLEGADA DE ESPAÑA. MOMENTO SUPER FELIZ PARA EL CONDUCTOR.

Con la excusa de tomarse una foto sacaron el celular. Y prendieron la cámara grabadora. De la nada le preguntaron "vos estás bien del corazón" y él, ingenuo todavía, respondió "sí, creo que si... creo que estoy fenómeno, ¿Por qué?" y le dijeron "Entonces date vuelta".

Mateyko giró su rostro y observó a su hija, tras lo que se agarró la cabeza y se puso a llorar, ganado por la emoción y por el sacudón emocional que fue ver a su muchacha después de 700 días sin hacerlo. La angustia y la espera habían terminado.

"Pero la puta que los parió" alcanzó a decir, con el corazón estrujado pero feliz, el histórico locutor de tantos años de laburo en Buenos Aires, en Mar del Plata y últimamente en Córdoba. Un poco más calmo, se volcó a las redes sociales para agradecer -entre otros a su gran amigo Palito Ortega y a su mujer, Evangelina SAlazar- y decir que "estaban todos complotados. Cuántas emociones".

Digo, de pronto, me parece.... ¡¡La pucha que vale la pena estar vivo!!

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