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Natalia Oreiro preocupada por los efectos de la cuarentena en su hijo Atahualpa: “Lo encontré mirando por la cerradura”

La artista cónto cómo vive la cuarentena con su hijo de 8 años.

Natalia Oreiro habló del comportamiento de su hijo Atahualpa en esta cuarentena y de cómo la familia se las ingenia para mantenerse optimistas y cuidarse de la pandemia de coronavirus.

La actriz y cantante está abocada al 100% a la crianza de su hijo, producto de la relación con Ricardo Mollo, que ya tiene 8 años.

La actriz no ocultó las sensaciones encontradas en esta crisis sanitaria y cómo protege a sus seres queridos para que no sientan miedo u alarma, frente lo a lo que circula en las redes y en los medios de comunicación.

“(La cuarentena) estoy viviéndola con mucha paciencia, portándome bien, conteniendo a mi familia, a mi hijo, que tiene 8 años. También con alegría, dentro de lo que se puede. Manteniendo bien arriba la energía. No dejando entrara el miedo. Informándome, pero no sobreinformándome, porque la pandemia es algo peligroso, pero la sobreinformación y el miedo no creo que sean algo bueno”, contó la artista en diálogo con el programa “Vivo para vos”.

Julián Weich le consultó a Oreiro, qué pregunta le había hecho su hijo: “Un día lo encuentro mirando por la cerradura del portón que da la calle, con un largavista. Quería poner el largavista en la cerradura. Y le digo ‘¿qué hacés?’. Y él me dice ‘me intriga saber lo que pasa en la calle'”, relató visiblemente emocionada por la ternura de Ata.

El problema de Natalia

Desde la cuarentena y el confinamiento en su casa, Natalia Oreiro reveló este lunes a la noche que padece una extraña enfermedad llamada misofonía.

Esta es una afección neurológica que la afecta severamente al escuchar cierto tipo de ruidos y que le generan irritabilidad y sudor frío.

“Es como odio al sonido, hay mucha gente que no lo entiende por qué te molesta el chile, no es psicológico, es neurológico y no tiene cura”, comentó la actriz.

“El chicle para mí es el punto máximo, la lapicera también. Hay un grupo en Argentina que tiene esta patología. Yo por ejemplo me subo a un auto y si el señor que maneja está con un chicle me pongo directamente auriculares“, explicó.

Y añadió: “En el circuito de trabajo se corre la bola de ‘mirá, no le mastiques chicle que se vuelve loca’, pero yo me tomo el trabajo de explicarles que no es un problema de ellos, es un problema mío“.

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