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Miguel Romano contó que le robaron las pelucas de Susana Giménez: “No se puede vivir así”

El célebre peluquero describió con mucho dolor el episodio de inseguridad que padeció en su local de Palermo, que incluyó la pérdida de muchos accesorios de la diva.

Un robo, pero no uno más. Un huerto que duele muchas aristas, por la obvia indignación de sentirse ultrajado, pero también por el enorme valor sentimental de los elementos. Miguel Romano sufrió un delito en su salón de Palermo, el lunes, y describió todo.

En diálogo con Intrusos, in situ en el local de extrema elegancia a pocas cuadras del Alto Palermo, el estilista narró el episodio horrible que padeció en primera persona y que incluyó la pérdida de muchas pelucas de Susana Giménez, nada más y nada menos.

El peluquero empezó el relato del siniestro: “El lunes me fui a acostar un rato y el teléfono sonada y sonada y me cortaban, como diez veces. Me llamaban para preguntarme si yo estaba en la peluquería porque en ese momento (los ladrones) ya estaban aquí dentro“.

Luego profundizó en lo que sucedió, paso a paso, en su salón con los delincuentes: “Fue cerca de la 13, me sacaron la vidriera y las pelucas que tenía ahí. Rompieron una de las ventanas que son tipo vitraux que tiene como 40 años, ya no se hacen más“.

“Se llevaron muchas pelucas de Susana, también una foto gigante de ella”, contó Romano.

Hasta que en el medio de su descripción develó el modus operandi y el doloroso sustrajo de los accesorios de la diva: “Habían detectado con un palo dónde se encontraba la alarma, y que si pasaban por un costado, no sonaba. Entonces, volvieron. Se llevaron gran cantidad de pelucas. Volvieron, abrieron los cajones y se robaron más pelucas. Se llevaron muchas pelucas de Susana“.

La maldad de estos malvivientes llegó hasta el límite de extirparle una foto muy emotiva de Su: “Incluso me rompieron también la foto de ella que estaba de cuando fue mujer del año, hace 25 años, y estaba también la de Graciela Borges, esa no la tocaron. Se llevaron con vidrio y todo la de Susana. Había cosas de valor pero no las pudieron sacar“.

Para terminar, Miguel reflexionó: “Así no se puede vivir. No se puede salir, si uno va a comer a un restaurante tienen miedo. Hay que cuidarse, es una etapa de la vida en la que nos estamos acostumbrando a que pase esto. Me conforma pensar que es algo mundial, no solo acá“.

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